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INFERNO_0

Un hombre sostiene un cubo dentro
del que está prisionero otro hombre.
La primera escena ofrece la clave de lectura
del espectáculo: el espacio infernal dantesco
es geométrico, construido por simetrías y cánones;
las ideas se expresan según imágenes simbólicas.
 

La primera escena no es todavía el primer movimiento:
un actor sujeta un gran cubo sobre la cabeza…
Atlas que sostiene el mundo…
dentro del cubo aparece un hombre…
nosotros vemos, por lo tanto,
un hombre que sostiene un cubo que contiene a otro hombre…
el Infierno de Dante es un juego de cajas chinas.
La segunda escena representa el primer movimiento real:
la entrada en el Infierno a través de la puerta infernal,
obviamente no puede ser una simple puerta.
El Infierno es un lugar metafísico,
un espacio vacío, así lo hemos imaginado:
construido desde el interior, constituido por los cuerpos
de los condenados.

Los bailarines son los ladrillos del universo vacío ultramundano.
Dante atraviesa la Puerta del Infierno y
se encuentra en un nuevo mundo donde
las almas de los filósofos nadan en el Limbo,
vuelan en la oscuridad creando figuras misteriosas en el espacio.
Las coreografías se desarrollan a través
de geometrías arabescadas, arquitecturas barrocas,
de gran simbolismo pero de oscuro significado.
Las reglas de la física son abolidas y las almas,
enloquecidas por el dolor del Conde Ugolino
y de sus hijos, caminan sobre las paredes y saltan por el techo.
El viento trae hasta nosotros las almas dulces y
vehementes de Paolo y Francesca cuyos cuerpos
se animan en el aire, libres de los vínculos de la gravedad
en un paso a dos dulcísimo y melancólico.

En este mundo, donde el arriba y el abajo, el encima y
el debajo son abolidos, los condenados suspendidos
cabeza abajo son juzgados por Minos y lanzados a tierra por Caronte.
Los diablos juegan en el aire contando su pasado angélico.
El camino al Infierno es una carrera de obstáculos:
Dante debe superar puentes rotos construidos
con las extremidades de los condenados,
escabrosas torres formadas por cuerpos humanos y
hallará la ayuda inesperada del gigante Nimrod
para el último gran esfuerzo. Pero antes verá a Pier delle Vigne
transformarse mágicamente en árbol y
a los condenados llorar por sus pecados transmutándose
el uno en el otro. En el fondo del infierno,
el gélido lago helado Cocito encierra los cuerpos
de los condenados de los que se entrevén los brazos,
las piernas o solo las cabezas que forman un único puzle metamórfico.
Al final del viaje Dante y Virgilio ascenderán
por una escalera viviente hasta ver la luz:
una gran estrella pulsante formada por los cuerpos
de los bailarines suspendidos en el aire
ilumina la última escena del Inferno.

NOTES DE MISE EN SCENE

INTRO
 
Un hombre sostiene un cubo dentro
del que está prisionero otro hombre.
La primera escena ofrece la clave de lectura
del espectáculo: el espacio infernal dantesco
es geométrico, construido por simetrías y cánones;
las ideas se expresan según imágenes simbólicas.
 
Escena I

PUERTA INFERNAL
 
La seconde scène représente le premier mouvement effectif:
l’entrée dans l’Enfer à travers la grande porte:
il ne s’agit, évidemment, d’une simple porte.
L’Enfer est un lieu métaphysique,
un espace vide, qu’on a imaginé comme ça:
construit de l’intérieur, constitué par les corps des damnés.
Une architecture vivante apparaît, elle est constituée de six danseurs,
un cercle humain qui chaque fois se transforme en carré, étoile à quatre branches,
à cinq branches, figure simples comme le triangle, le carré, l’hexagone.
La chorégraphie se déroule selon des arabesques géométriques,
des architectures baroques, très nettes visuellement mais complexes à déchiffrer.
Au centre il y a la figure de l’homme vitruvien
qui prélude à l’humanisme médiéval.
 
Escena II

TOTEM
 
La segunda escena muestra
a los dos personajes principales:
Dante y Virgilio que emprenden el viaje.
Se trata de un recorrido hecho de puentes rotos
(malebolge), torres inclinadas, carreteras tortuosas…
es un recorrido lleno de obstáculos, casi un videojuego.
Es un mundo de dibujo animado,
inspirado a los famosos dibujos de Botticelli.
Los bailarines son ladrillos vivientes que se mueven
uno sobre otro construyendo primero un puente y
luego un tótem: es la torre de Babel viviente, es Efialtes,
es el gigante Anteo que levanta a Dante y
lo lleva de un lado a otro de la escena.
«y así también, a medias la persona/ se alza de los gigantes,
que amenaza/ Júpiter con sus rayos, cuando atrona» (XXXI, 43-45).
En Totem la técnica coreográfica es la escultura corpórea:
construcciones humanas semejantes a las tallas africanas.
Los bailarines son máquinas vivientes en las que
los cuerpos son usados como elementos arquitectónicos
para construir la topografía imaginaria del Infierno.
 
Escena III

HÉROES
 
Dante encuentra dos castillos:
el primero está aislado del mundo infernal y
encierra campos verdes donde viven los héroes,
los filósofos, las grandes mujeres de la Roma antigua.
El segundo castillo es la ciudad de Dite.
Los muros son rojos e incandescentes y
miles de diablos vuelan sobre ella. Sobre sus muros
aparecen los monstruos de la mitología clásica:
Medusa, Gorgonas y las Furias.
El héroe es Eneas, que con sus capacidades ha sabido
transformar el mundo. El héroe tiene siempre un enemigo,
parecido a él, pero ligeramente menos fuerte.
El héroe está siempre frente a una bifurcación donde los caminos
son obvios: por una parte el bien y por la otra, el mal.
 
Escena IV

LIMBO
 
Hemos imaginado un mundo acuático, lento, suspendido,
donde viven los filósofos y los sabios paganos.
La dinámica de los desplazamientos de los personajes
es la de la natación. La coreografía empieza con 4 bailarines
que representan a los 4 grandes poetas nombrados
por Dante al principio del Canto: «Al expirar la voz que así decía,/
vi cuatro grandes sombras por delante,/ que ni dolor
mostraban ni alegría. […]/ es Homero, el poeta soberano;/
el otro, Horacio; Ovidio es el tercero;/ y el que les sigue,
se llamó Lucano./ […] Así, la bella escuela vi adunada,/
del genio superior del alto canto,/ águila sobre todos encumbrada».
El refinamiento de estas almas está representado
por los movimientos sinuosos y ondulantes.
Con la composición de figuras simbólicas y
geométricas se quiere representar a los
grandes matemáticos y los filósofos.
 
Escena V

CONDENADOS
 
En la quinta escena aparecen los condenados
que acaban de precipitarse al Infierno: son femíneos,
suspendidos en el vacío a la espera de ser abandonados
a su destino, como un equilibrista sobre la cuerda:
«Como vuelve el otoño hoja tras hoja/
sus despojos al suelo, cuando rasa/
el mustio gajo que al final despoja,/
así de Adán la pervertida raza/
obedece la voz de su barquero,/
como el ave al reclamo de la caza» (III, 112-117).
 
Escena VI

LLAVE
 
La escena es breve y muestra la imagen misteriosa
de una mujer con el busto desnudo suspendida
en el aire, boca abajo, con el resto del cuerpo
que se prolonga en una inmensa falda dorada.
Se lanza al vacío para recoger del suelo un abanico
que abre describiendo coreografías indescifrables.
Al final lo cierra y se va volando, desapareciendo más allá del techo.
La voz en off aclara la escena: «¡Oh, los que sois de
entendimiento sano,/ comprended la doctrina que se encierra/
de mi velado verso en el arcano!» (IX, 61-63).
 
Escene VII

LAGO COCITO
 
Los protagonistas son las extremidades y
las cabezas seccionadas de los condenados
aprisionados en diferentes situaciones,
que remiten a la condición existencial de la condenación.
Cabezas que aparecen en la oscuridad,
manos que cubren rostros vacíos,
desaparecen, se asoman con gestos desesperados
solo con el busto, para después desaparecer definitivamente.
Los brazos se enlazan, se separan,
son sustituidos por piernas que se pierden en el aire
creando simetrías, ondas sinuosas y decoraciones.
«El lago a la distancia se ensanchaba,/ y otra turba de
sombras se veía,/ cuya cabeza al dorso se inclinaba./
La misma queja resonar se oía,/ y su llanto, que paso
no encontraba,/ sobre el helado corazón caía;/ pues
la lágrima al ojo se agolpaba,/ y cual visera de cristal helado,/
en los párpados dura se fijaba» (XXXIII, 91-99).
 
Escena VIII

ULISES
 
La octava escena representa el espíritu heroico y
la fuerza de la voluntad humana: Ulises.
Aparece una llama en el cielo formada por tul
inundado de luz blanca. La llama se apaga.
Ulises se libera del tul: «De noble estirpe es vuestro
ser esencia:/ para alcanzar virtud habéis nacido,/
y no a vivir cual brutos sin conciencia» (XXVI, 118-120).
Empieza la narración de su aventura extraordinaria.
Lo vemos escalar sobre la vela de un barco,
combatir las fuerzas de la naturaleza y al final
precipitarse en el fondo del mar, donde las sirenas
– que poco antes lo habían seducido –
lo recogen piadosamente.
 
Escena IX

ÁNGELES CONDENADOS
 
La coreografía narra la caída de Lucifer y
de los ángeles rebeldes: un tópico del imaginario
fantástico y del conocimiento teológico medieval.
Dos ángeles de grandes alas blancas vuelan
por el aire y, mientras descienden hasta el suelo,
se transforman y se alcanzan cayendo al suelo,
para crear un único ser: Lucifer.
«En el coro infernal se confundieron/ con los
míseros ángeles mezclados,/ que fieles ni
rebeldes a Dios fueron;/ los que del
alto cielo desterrados,/ perdida su belleza rutilante,/
son por el mismo infierno desechados» (III, 37-42).
 
Escena X

ESTIGIA
 
En el «canto VII» Dante encuentra la laguna Estigia.
Los iracundos salen del agua y se pelean
entre sí prepotentes y arrogantes.
Los acidiosos están inermes en el fondo.
Son dos los protagonistas masculinos:
uno es Filippo Argenti y el otro no está identificado.
Ellos llenan la escena con sus cuerpos desnudos y
sucios que se ven completamente. Los otros condenados
ofrecen solo extremidades y cabeza para enriquecer
las coreografías imaginadas por Dante.
La Estigia es un lugar mágico, donde la violencia
irrumpe repentinamente rompiendo el silencio,
como cortando una pantalla detrás de la que se
esconde la locura humana. Lo hemos imaginado
como una tela de un cuadro que se rasga.
 
Escena XI

METAMORFOSIS
 
Un hombre se transforma en árbol.
Pier delle Vigne es el protagonista dramático
que retoma el tema virgiliano de la metamorfosis de Polidoro.
La rotura de las ramas y la sangre derramada
descritos por Dante son simbólicamente representados
por medio de la mímica de brazos y flores rojas.
 
Escene XII

7 PECADOS
 
Siguiendo un movimiento musical repetido 7 veces,
se ofrece una representación simbólica de
los 7 pecados capitales
(lujuria, pereza, gula, avaricia, envidia, soberbia e ira)
refigurados simbólicamente en clave contemporánea.
Dos parejas de personajes actúan el
uno sobre el otro a través de los espejos,
creando transformaciones metamórficas:
los cuerpos interactúan en un juego que
se repite 7 veces, atravesándose mágicamente.
 
Escene XIII

LOCURA
 
La decimotercera escena
se abre con el solo del Conde Ugolino
que se ensaña con el cráneo de su acérrimo enemigo.
«La boca levantó del fiero pasto,/ el pecador,
limpiándola en el pelo/ del cráneo,
por detrás ya casi guasto» (XXXIII, 1-3).
La coreografía procede con un paso a dos
en el que se representa la tragedia contada
por Dante: el padre prisionero con los hijos que
los devorará por hambre. Un hombre (padre) y
una mujer (hijo) caminan sobre las paredes,
saltando sobre el techo, persiguiéndose, asaltándose en
un recorrido violento, construyendo un laberinto
de acciones abstractas. Una descripción gestual de
la locura mientras la hija, desesperada, grita:
«Gualdo me dijo: ¡Ven, ¡ay!, en mi ayuda!» (XXXIII, 68).
 
Escena XIV

PAOLO&FRANCESCA
 
La escena es muy tierna: nos cuenta el amor cortesano y
trovadoresco en clave histórica.
Una historia de amor bajo perspectiva medieval
donde la sensualidad se confunde con la metafísica.
La escena se abre con los dos jóvenes que leen el
libro de Lancelot y Ginebra y de cómo
– dejándose llevar por las aventuras amorosas de
los protagonistas de la novela – descubren que están
enamorados el uno del otro.
«Amor, que alma gentil súbito prende,/ a éste prendó
de la gentil persona/ que me quitó la herida que aun me ofende./
Amor, que a nadie amado, amar perdona,/ me ató a sus brazos,
con placer tan fuerte,/ que, como ves,
ni aun muerta me abandona» (V, 100-105).
Paolo y Francesca, transportados por el torbellino infernal,
se reúnen en el cielo, se aman en el aire,
revoloteando abrazados siguiendo una coreografía de
gran sensualidad, al final se separan, transportados por el
torbellino infernal:«Cual dos palomas por amor llevadas/
con ala abierta vuelan hacia el nido,/ por una misma voluntad
aunadas» (V, 82-84).
 
Escena XV

ESCALERA
 
Dante y Virgilio salen del Infierno
por medio de una escalera viviente: los propios
condenados forman los escalones y la aparente normalidad
de una caminata contra las leyes de la física
nos recuerda que estamos viviendo en un mundo en
el que estas reglas son abolidas en un solo instante,
mágica e irónicamente, como en un comic.
Entramos al camino tenebroso,/ para volver a ver el claro mundo,/
y, sin cuidarnos de ningún reposo,/ subimos, él primero y
yo segundo,/ hasta del cielo ver las cosas bellas:/
por un resquicio de perfil rotundo,/ a contemplar
de nuevo las estrellas» (XXXIV, 133-139).
 
Escena XVI

ESTRELLA
 
La última escena está presidida
por una estrella viviente compuesta
por los 6 bailarines protagonistas:
figura simbólica que aparece al final del texto dantesco.
La estrella viviente se descompone, se transforma,
crea una figura tras otra, siguiendo arquitecturas medievales,
sugestiones simbólicas y construcciones imaginativas.
Se apagan las luces.
El espectáculo no ha terminado:
los bailarines vuelven a saludar al público y
uno por uno, mágicamente, se van volando.
 
Escena XVII

CREDITS

  •  
     
    COREOGRAFÍAS Y ESCENA
    EMILIANO PELLISARI
     
     
     

  • MÚSICA
    MULTIINSTRUMENTISTA: OSCAR BONELLI
    SOUND DESIGNER: GIULIANO LOMBARDO
    SOUND MIXER: MARIO CROCETTA
    SOUND EDITOR: RICCARDO MAGNI
    ASESOR MUSICAL: ANDREA BARBERA
    ART DIRECTOR: EMILIANO PELLISARI

  •  
     
    VOCES RECITADORAS
    GIANNI BONAGURA Y LAURA AMADEI
     
     
     

  •  
     
    ATREZOS DE ESCENA
    EMILIANO PELLISARI
     
     
     

Inferno NoGgavity

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