.

PARADISO_1 SP

En el cielo de Marte el quinto de
la tradición cosmológica aristotélico-tolomeica
que hace de marco a la reconstrucción de Dante
una cruz aparece en la oscuridad,
formada por los resplandores rosáceos de
las almas de los que murieron en defensa de la fe.
Es imponente y su impacto emocionante, conturbador…
simboliza la fe cristiana y la teología que
se impone en el mundo con la fuerza de la Razón.

  • Con Paraíso se concluye el proyecto artístico
    inspirado en la Divina Comedia de Dante.
    La tercera cántica del poema es realmente la más compleja:
    la teología – incluso en los aspectos más sutiles que habían caracterizado
    las disputas en las universidades medievales – es la protagonista absoluta de la obra.
    Una cruz aparece en la oscuridad, formada por los resplandores
    rosáceos de los cuerpos de las almas.
    Es imponente y su impacto emocionante, conturbador…
    simboliza la fe cristiana y la teología que se impone en el mundo
    con la fuerza de la Razón.
    En el espectáculo, la complejidad teórica del universo dantesco
    descrito en la tercera cántica se disuelve en un mundo colorado y abstracto.
    os planetas – que en la cosmología del Poeta son elementos estructurales del Paraíso,
    dado que los cielos en los que se colocan representan
    los lugares de la ascensión hacia el Empíreo – están representados a través
    de esferas en las que se entrevén solo las cabezas suspendidas de los bailarines,
    simbolizando las inteligencias motrices de la cosmología dantesca, …
     
    p. 1/3

  • … como en una magia surrealista. La resurrección cristiana está representada a través
    del célebre ángel de Dalí que se materializa sobre el escenario y
    misteriosamente de los cajones – que constituyen el cuerpo –
    se elevan los cuerpos que se reunirán con las almas. Una habitación mágica
    hecha con sillas y cuerpos desnudos, como en un cuadro de Magritte,
    se crea ante nuestros ojos, adquiriendo poco a poco un orden
    que simboliza el orden divino que rige todas las cosas.
    La teología dantesca dicta las leyes de la física natural y el destino de los hombres
    y en el espectáculo se traduce en la ejemplificación de la ostensión pictórica.
    En un enorme cuadro de Mondrian los cuadrados colorados
    se convierten en piezas de un puzle en continua transformación como en el juego del Tetris:
    la inconcebibilidad y la abstracción del Paraíso remite a la perfección de la geometría.
    Una gran tela blanca se corta en tres imitando a Fontana para luego
    llevarse al extremo del pensamiento del artista y transformarse en cuatro
    verdaderas esculturas gigantes: son los elementos constitutivos
    de la arquitectura del mundo descrito por el Poeta y en la que
    los contornos se difuminan cada vez más, los personajes se disuelven
     
    p. 2/3

  • en esencias diáfanas, luces impalpables y resplandores cegadores.
    Del blancor que envuelve el Paraíso, el espectáculo ha elegido
    posponer los elementos constitutivos: o sea, los colores primarios
    que en la unión devuelven la luz.
    Cuerpos angélicos se liberan en el aire por medio de pelotas transparentes,
    que ruedan incesantemente en torno a una sola esfera, símbolo de la perfección.
    Las esferas son átomos, moléculas, cadenas de ADN o son las esferas celestes,
    las auras de los santos: microcosmos y macrocosmos se identifican.
    La magia, ciencia natural de la época y la ciencia contemporánea
    – de la que el imaginario colectivo está impregnado – se confunden.
    Al final, Dante vuelve a encontrar a Beatriz,
    la figura femenina absoluta, circundada por un coro angélico
    formado por bailarines voladores: ella gigantesca,
    altísima y Dante minúsculo, simple hombre.
    Un homenaje en forma contemporánea al gigantismo y
    la bidimensionalidad de la pintura medieval.
     
     
    p. 3/3

NOTAS DE DIRECCIÓN

ÍNCIPIT
 
En el cielo de Marte el quinto de
la tradición cosmológica aristotélico-tolomeica
que hace de marco a la reconstrucción de Dante
una cruz aparece en la oscuridad,
formada por los resplandores rosáceos de
las almas de los que murieron en defensa de la fe.
Es imponente y su impacto emocionante, conturbador…
simboliza la fe cristiana y la teología que
se impone en el mundo con la fuerza de la Razón.
 
Escena I

ESFERAS
 
La arquitectura que enmarca el Paraíso dantesco
está construida sobre el modelo de
las esferas celestes de la tradición astronómica clásica.
Para aceptar este modelo, la filosofía cristiana
había atribuido el movimiento de estas esferas
a las inteligencias angélicas. En el universo medieval
existen las inteligencias generadoras,
que dan vida a la naturaleza; las ejemplares,
que sirven de modelo para las creaciones de lo viviente, y
así sucesivamente, sugiriendo un mundo influenciado
en todos los niveles por su presencia que
une el macrocosmos al microcosmos.
El movimiento de los planetas actúa sobre la materia,
o sea, sobre el mundo que hoy se representa
por los átomos y las moléculas.
 
Escena II

ROSA MÍSTICA
 
El Paraíso está organizado según una jerarquía precisa.
Todas las almas de los beatos residen en el Empíreo y
más precisamente en la cuenca de la Rosa Mística,
desde el que contemplan directamente a Dios.
El orden con el que están dispuestos
sobre los escaños refleja una jerarquía interna y
genera una enorme y única arquitectura que Dante
escribe como una gran rosa.
En el espectáculo, se ha querido representar esta
estructura a través de un uso poco convencional de
las famosas sillas Panton, objetos de diseño que,
utilizadas independientemente de su función,
se convierten en damas voladoras,
querubines de múltiples alas,
estructuras arquitectónicas en las que tienen
cabida los beatos que pueblan el Paraíso.
 
Escena III

DALÍ
 
En el pensamiento cristiano la Resurrección es
un acontecimiento concreto y real, de enorme importancia.
Este evento se ha representado a través de
las sugestiones inspiradas por los ángeles de Dalí.
En el espectáculo, de hecho,
las almas resucitadas se alzan de cajones que
salen del busto de criaturas angélicas,
a quienes se les ha confiado el papel de
mediación entre la esfera humana y la divina.
Las almas de los beatos en el Paraíso
son ciegas porque solo después de
la resurrección podrán ver a sus seres queridos,
logrando así de manera perfecta su felicidad.
 
Escena IV

CHRISTO
 
De sugestiones del Land Art y de
su exponente principal, Christo, nace este cuadro,
en el que se representan, con un gran tejido plástico
semitransparente que esconde los cuerpos
desnudos de los bailarines, las almas del Paraíso y
en particular de las que pueblan los cielos
de la Luna (1er cielo)
y de Mercurio (2º cielo).
 
Escena V

ROSETÓN
 
En el 4º cielo, el del Sol,
aparecen 3 círculos que se intersecan entre sí:
están compuestos por las almas de las grandes
figuras filosóficas y religiosas de la época.
Este cuadro alude en un primer momento a las disputas
académicas surgidas sobre la estela de
las enseñanzas de los dos grandes filósofos:
san Buenaventura y santo Tomás, que, sin embargo,
en un espíritu de final pacificación en el poema dantesco
cubren de alabanzas a los fundadores de
las recíprocas órdenes: san Francisco y
santo Domingo. En el centro de la escena
un gran círculo de acero que reconduce
a la figura inicial y que recuerda el elemento
arquitectónico paradigmático medieval:
el rosetón de las catedrales románicas.
 
Escena VI

ALFABETO
 
En el «canto XVIII»,
en el 6º cielo (el de Júpiter),
una frase aparece en el cielo compuesta
por los cuerpos luminosos de los beatos:
«Amad la justicia, vosotros que juzgáis al mundo».
Las letras se transforman en
una sola eme (de «monarquía»),
luego en un águila (signo de poder imperial).
Los bailarines reproducen la escena en
vivo componiendo con sus cuerpos
las letras que forman la frase.
 
Escena VII

KANDINSKIJ
 
En el universo descrito por Dante,
cada cosa está iluminada por Dios.
Una trama de rayos luminosos envuelve al mundo.
La luz física proviene de las estrellas y
cada cosa nace siguiendo la inclinación
dictada por los astros. El hombre, sin embargo,
puede decidir si seguir o no esta inclinación,
eligiendo el bien o el mal. Los tejidos colorados que
dominan esta escena representan los rayos de
luz divinos que envuelven el mundo, que aparecen y
desaparecen mágicamente, que atrapan y
sostienen a los bailarines y, al final, crean una trama de
la realidad en la que vive el hombre.
La escena está hecha de formas y colores como
en un cuadro de Kandinskij.
 
Escena VIII

FONTANA
 
¿Cómo describir el espacio-tiempo como experiencia?
Dante habla de luz uniforme infinita, de silencio eterno.
En la tercera cántica, el Poeta se mueve
en una dimensión que ya no es terrena,
superando el límite espaciotemporal.
Habla del 5º elemento, el éter, del que están
formados los cielos, una suerte de manto que
envuelve el universo. Se ha elegido representar
esta experiencia-límite a través de una sugestión
sacada del arte abstracto contemporáneo:
una gran tela blanca cortada por tres grandes fisuras,
los cuerpos que actúan desde el interior crean formas,
las destruyen, desaparecen. Los bailarines salen
al descubierto y «trabajan» el tejido modificándolo
tridimensionalmente según el teorema espacialista.
Un cuadro de Fontana nace y vive frente al público,
todo es construido sobre sombras con las que
la luz rasante resalta las soluciones de continuidad.
¿Cómo describir el espacio-tiempo como experiencia?
Dante habla de luz uniforme infinita, de silencio eterno.
En la tercera cántica, el Poeta se mueve
en una dimensión que ya no es terrena,
superando el límite espaciotemporal.
Habla del 5º elemento, el éter, del que están
formados los cielos, una suerte de manto que
envuelve el universo. Se ha elegido representar
esta experiencia-límite a través de una sugestión
sacada del arte abstracto contemporáneo:
una gran tela blanca cortada por tres grandes fisuras,
los cuerpos que actúan desde el interior crean formas,
las destruyen, desaparecen. Los bailarines salen
al descubierto y «trabajan» el tejido modificándolo
tridimensionalmente según el teorema espacialista.
Un cuadro de Fontana nace y vive frente al público,
todo es construido sobre sombras con las que
la luz rasante resalta las soluciones de continuidad.
 
Escena IX

MONDRIAN
 
El dogma trinitario es quizás uno de
los más paradójicos que el hombre ha producido jamás.
Para resolverlo, Dante usa una metáfora simple y eficaz:
3 círculos colorados que se unen y que se separan
como en el arcoíris. La unidad y la multiplicidad
(o sea, la idea de tres «personas» en una),
el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son conceptos puros,
como lo son los colores primarios
de los que nacen todos los colores.
Se ha usado el modelo de Mondrian
para crear un juego de colores y formas.
Un cuadro vacío que no significa nada excepto sí mismo.
El placer del color y de las formas,
sin significado, puramente abstracto.
 
Escena X

MAGRITTE
 
En el primer canto del Paraíso se describe
con memorables palabras el orden cósmico
creado por Dios como un mecanismo perfecto
donde cada cosa tiene un preciso papel y destino.
Cada ser, viviente o inanimado, es
una pieza ordenada. Si Dios dejase de contemplar
lo creado solo por un instante, el mundo se disolvería.
En esta escena, una habitación, que recuerda
a los ambientes surrealistas de Magritte,
está animada por sillas y hombres que se mueven de
manera análoga. Los cuerpos caen desde
el aire y se encajan entre ellos como en
un juego de Tetris. Un conjunto finito y
ordenado en el que actúan elementos homogéneos:
una habitación hecha de cuerpos y sillas.
Un juego sobre el cuerpo humano
según un clásico del arte contemporáneo.
 
Escena XI

KLIMT
 
Cuando el tiempo histórico
se confronta con la eternidad,
el hombre se ve superado como si un gran mar de
tejido luminoso lo cegase haciéndole tomar conciencia
de la insondabilidad divina.
Solo el amor que el influjo de Venus (3er cielo)
nos ofrece (y cuya fuerza erótica no representa un límite,
sino, al contrario, es exaltada por parte de Dante)
puede llevar a un conocimiento extrarracional
que trasciende los límites humanos y la razón.
Si un artista ha sabido ofrecer una representación
del amor en su fuerza mística y erótica juntas,
ese es Klimt, del que se ofrece en este cuadro
una representación viviente,
con los cuerpos desnudos de los bailarines inmersos
en el tejido de oro y plata.
 
Escena XII

ORIGAMI
 
De una simple hoja de papel en blanco
nacen extraordinarias figuras sacadas
del mundo vegetal y mineral:
una técnica que se ha convertido en
un estilo y que aquí es usada sobre los cuerpos de
los bailarines que, escondidos dentro de tejidos,
construyen figuras simbólicas cuyas sugestiones
recuerdan las flores blancas con las que Dante
simboliza a los ángeles y los beatos,
junto con María, en el Empíreo:
los lirios blancos y la rosa mística.
 
Escena XIII

DANTE&BEATRIZ
 
La figura femenina en la Divina Comedia
es exaltada hasta asumir con Beatriz un alto valor simbólico,
en virtud también del papel de mediación entre Dante
y Dios que le es reconocido en el Paraíso.
Beatriz es una mujer en su realidad histórica y,
al mismo tiempo, es una figura celeste
que ayuda al Poeta en las ascensiones.
En esta dialéctica entre humano y divino,
entre mujer y santa, se desarrolla la historia
que se cuenta en esta escena:
el encuentro entre Dante y Beatriz todavía niña,
una mujer-muñeca idealizada según los estilemas clásicos
(la coreografía está inspirada en las dinámicas de
la fascinación según los esquemas médico-filosóficos
y poéticos de la época); la muerte de Beatriz,
la asunción al Cielo y su aparición divinizada al final de
la obra, circundada por querubines,
según la tradición pictórica medieval,
marcada por la bidimensionalidad y la desproporción
(gigantismo) de los personajes.
Escena XIV

CREDITS

  •  
    COREOGRAFÍAS
    EMILIANO PELLISARI Y MARIANA PORCEDDU
     
     
     
     

  •  
     
    DISEÑO LUCES
    RICCARDO GARGIULO, EMILIANO PELLISARI
     
     
     

  •  
     
    MÚSICA
    REELABORACIÓN/MEZCLA: RICCARDO MAGNI ED EMILIANO PELLISARI
     
     
     

  •  
     
    VESTUARIO Y TEJIDOS
    EMILIANO PELLISARI, CATERINA DI FLORIO, NORA BUJDOSO
     
     
     

  •  
     
    ATREZOS Y OBJETOS DE ESCENA
    EMILIANO PELLISARI, FLAVIO MONTI, NORA BUJDOSO
     
     
     

00 00 LOGHI

Back to top